domingo, 7 de marzo de 2010

VIVENCIAS DE DOCENTES

Aprovechando que en días pasados tuvimos la ocasión de disfrutar del día del docente, queremos iniciar aquí una pequeña serie de reseñas biográficas de distintas personas que en su momento dejaron una secuela en su labor educativa. La iniciamos en este caso con CARMEN DE BURGOS Y SEGUÍ (1867-1932).
En otras ocasiones hemos tenido ocasión de comentar múltiples facetas de esta mujer como escritora, periodista, activista en diversas cuestiones…
En este caso queremos centrar su labor como maestra. En un momento difícil de su vida conyugal Carmen se va a plantear realizar los estudios de magisterio y ya en 1895 obtiene el grado de maestra elemental por la Escuela Normal de Maestras de Granada. Este suceso es muy importante por que le supone la posibilidad de independizarse económicamente y tener la posibilidad de emigrar de Almería. En cualquier caso su primera experiencia laboral la realiza en el curso 1896-1897 en el Colegio Santa Teresa para niñas pobres situado en la Plaza de San Sebastián. En este colegio desarrollará con mucho acierto su labor hasta mayo de 1901 (según Antonio Sevillano).
En este momento se plantea abandonar la hostil ciudad de Almería para ella y obtiene plaza por oposición como profesora numeraria de la Escuela Normal de maestras de Guadalajara. Esta situación le permite desarrolar su enseñanza como maestra de las áreas de , separarse definitivamente de su marido e iniciar una vida cultural muy intensa entre su lugar de trabajo y Madrid. El resto de su trayectoria profesional es la siguiente. En 1905 consiguió una beca para ampliación de Estudios en el extranjero y en 1907 fue comisionada para desempeñar la Cátedra de Economía Doméstica en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid. Ese mismo año se traslada a la Escuela Normal Superior de Maestras de Toledo hasta 1909, año en que se trasladó a Madrid como auxiliar de la Sección de Letras en la Escuela Normal Central de Maestras, al mismo tiempo que desempeña la Cátedra de Economía Doméstica en la Escuela Superior de Artes Industriales.
En 1911 fue nombrada profesora especial de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Fue también profesora de sordomudos y ciegos, actividad que ejerció hasta su muerte.


Su ejercicio profesional se enmarca dentro de la corriente krausista. Los krausistas españoles intentaron, a través de sus postulados, reorganizar la sociedad según las pautas de la cultura europea y sus principios fundamentales: el liberalismo y el racionalismo. Frente al pensamiento tradicional imperante en nuestro país esta nueva doctrina se asentaba sobre el esfuerzo de la razón, guiada esta por un espíritu basado en el optimismo y en la confianza. Por otra parte, la máxima aspiración de esta nueva corriente de educación integral, como ya se ha dicho, no era otra que el alcanzar la máxima armonía social a través de una reforma ética de los individuos que sólo se podría conseguir utilizando las incruentas armas de la educación.

Quiero en esta ocasión traer a colación una serie de sucesos ocurridos en su etapa toledana que reflejan muy bien el carácter de esta paisana nuestra.
En su estancia en Toledo, tras ser amortizada su plaza en Guadalajara, denominada por sus biógrafos como “destierro” tiene que enfrentarse con la cerrada y tradicional sociedad toledana y simultanearlo con sus dedicaciones periodísticas y culturales en Madrid.
En este periodo sufre múltiples ataques a su persona tanto desde periódicos locales como por parte del clero toledano y jacetano. Se le abren incluso varios expedientes (llegando incluso las quejas ante el Senado) donde es denunciada tanto por los contenidos y la metodología empleada con sus alumnas como por supuestas faltas de asistencia a clases y trato de favor. Tiene que defenderse de estas acusaciones ( con éxito) y aún le queda valor para dedicar al ministro de instrucción Pública una contradedicatoria de su primera novela larga Los inadaptados: “ A.D. Faustino Rodríguez Sampedro al que ni admiro ni estimo, en agradecimiento de haberme proporcionado ocasión de escribir este libro, destinandome a Toledo durante su desdichada etapa en el Ministerio de Instrucción Pública”.
Lo dicho genio y figura hasta la sepultura.

Por último terminar con una cita de Pilar Ballarin: La gran actividad educadora de Carmen de Burgos no hay que buscarla en las aulas de las Escuelas Normales en las que ejerce, sino en toda su actividad. El deseo de educar recorre su vida y su obra, pero ella destaca especialmente su labor periodística: “El periódico –dice– es la cátedra para la multitud. Es una tribuna desde la que se dirige y enseña”.








3 comentarios:

MARI CARMEN dijo...

Excelente Carmen!

Juana G. Linares dijo...

La gran desconocida de la educación, Carmen de Burgos. Felicidades por hacerla más cercana

Anónimo dijo...

Aprendi mucho