sábado, 10 de enero de 2009

MUJERES POR LA PAZ















Cuando los noticiarios nos recuerdan cada día la vergüenza violenta que sacude la Franja de Gaza, por parte del ejército de Israel, queremos en esta entrada daros a conocer la labor de muchas mujeres que a pesar de las diferencias nacionales, religiosas, ideológicas, etc, llevan mucho tiempo intentando trabajar por una solución pacífica a este conflicto.
A la izquierda tenemos la imagen de la activista palestina SUMAYA FARHAT-NASER y a la derecha la israelí GILA SVIRSKI.
Según nos cuenta Sumaya, desde siempre las mujeres y los hombres israelíes y palestinos han intentado dialogar, a pesar del peligro que suponía. Se consideraba como una traición y como una forma de reconocer al enemigo. Hasta 1992 los gobernantes palestinos e israelíes tenían totalmente prohibido ponerse en contacto unos con otros. Los hombres eran obligados a dar explicaciones e inmediatamente eran castigados con penas de cárcel. A las mujeres palestinas, en cambio, no se las creía capaces de ser políticamente activas. De acuerdo con la tradición y el pensamiento patriarcal, no podía aceptarse que las mujeres asumieran actividades políticas. Así que nos encontrábamos individualmente. Durante unos años había reuniones informales y a escondidas.
En 1988 por primera vez se reunió en Jerusalén un grupo más grande de seis mujeres israelíes y seis palestinas. Queríamos elaborar un proyecto conjunto, para no trabajar sólo de forma individual.
En 1989 el Centro laico de Cultura Judía de Bélgica invitó a un grupo de mujeres palestinas e israelíes a un encuentro secreto en Bruselas. Trabajamos en la formulación de principios comunes y de un marco para el trabajo conjunto y la cooperación. Era necesario fijar unas líneas políticas para que nuestro encuentro no fuera denunciado como una conspiración ni como una traición. Teníamos que demostrar a nuestros pueblos que nos reuníamos para beneficio de ambas partes. Formulamos principios como el reconocimiento de los derechos nacionales y políticos, el reconocimiento de la OLP y el rechazo a la violencia.
La Guerra del Golfo de 1990-91 produjo una amplia fisura entre las activistas a favor de la paz en Israel y en Palestina, la desconfianza volvió y las conversaciones enmudecieron.
Como resultado directo, en 1994 se fundaron dos centros de mujeres con ayuda de la Comisión Europea: el palestino "Jerusalem Center for Women" (Centro Jerusalén para Mujeres) en Jerusalén este y el israelí "Bat Shalom" (Hermana de la Paz) en Jerusalén oeste. Ambos centros juntos constituyen el "Enlace Jerusalén".
La creación de dos centros físicamente separados fue intencionada: ambas partes desean trabajar de forma independiente y en libertad, en lugar de adaptarse y de cambiar su postura para agradar a la otra parte. Queremos mantener nuestra identidad política y cultural.
Para las mujeres palestinas e israelíes que trabajan por la paz es importante convencer a ambas partes de la necesidad de trabajar juntas. Este trabajo de convicción es más sencillo si empezamos por nuestra propia casa, antes de intentar dialogar con la otra parte. Por este motivo, cada centro tiene un programa propio orientado a las necesidades de su propia sociedad. El Enlace Jerusalén sirve como una plataforma para realizar programas conjuntos que se ocupan de analizar la situación política y de formar a las mujeres para el trabajo político.Desde el principio, Jerusalén ha sido otra cuestión fundamental en nuestro trabajo, pues es el lugar donde desarrollamos nuestras actividades y es el foco de delicadas cuestiones políticas, religiosas y emocionales. Cuando surgió la idea de hacer una campaña para un Jerusalén común en otoño de 1996, teníamos la sensación de "estar haciendo lo correcto". El apoyo de la Comisión Europea y de otros financiadores confirmaba su importancia. Bajo el título "Compartir Jerusalén: dos capitales para dos estados" organizamos una semana con diferentes actividades. Nuestro objetivo era conseguir que una visión llegara a ser realidad por un tiempo: la visión de una ciudad abierta, una ciudad que sirviera como capital de dos pueblos, de dos naciones. Esta no era una actitud popular en la sociedad israelí ni en la palestina, ni tampoco lo es hoy en día.
Aunque haya habido disenso y debate, y aunque el contexto en el que hemos discutido haya sido a menudo doloroso, siempre hemos puesto por encima una visión común de paz. Si hubiera dependido de nosotras hace ya mucho tiempo que hubiésemos hecho un acuerdo de paz que zanjara las cuestiones difíciles entre nosotras.
Siguiendo con la campaña de recomendaciones de libros de lectura, aprovechamos para invitaros a leer el libro de Sumaya "En la tierra de los olivos" y "Licencia para matar" de Gila.